¿Cómo se puede prevenir un ictus?

Hemos hablado del ictus previamente en otros artículos. Ahora que ya sabemos qué es, cómo se trata, y qué hacer cuando tenemos un ictus, veamos ¿cómo hacer para NO tener un ictus? O al menos ¿qué podemos hacer para minimizar la probabilidad de sufrir un ictus, o para maximizar las posibilidades de una buena recuperación?

 

 

¿Cuáles son los factores de riesgo del ictus?

 

Los factores de riesgo son aquellas cosas que, de alguna forma u otra, favorecen la posibilidad de tener un ictus en algún momento de nuestra vida.

Los factores de riesgo no modificables, es decir, aquellos que solamente podemos aceptar, son:

  • Edad. A medida que envejecemos, más probabilidad hay de padecer un ictus.
  • Género. Los hombres tienen mayor riesgo de ictus que las mujeres.
  • Antecedentes familiares. Las personas cuyos padres han padecido un ictus tienen más posibilidad de padecer un ictus que aquellos con padres que no lo han padecido.

 

Los factores de riesgo modificables, es decir, aquellos que podemos cambiar, son:

  • Hipertensión. La hipertensión predispone a tener un ictus, debido al mayor impacto de la sangre sobre las paredes arteriales.
  • Diabetes. La hiperglicemia altera varios mecanismos fisiológicos, entre ellos el buen mantenimiento de las paredes vasculares.
  • Patología cardíaca no controlada. La fibrilación auricular sin tratar predispone a sufrir un ictus, ya que los problemas en el ritmo cardíaco generan cambios que favorecen la formación de trombos.
  • Sedentarismo. El ejercicio influye positivamente sobre el sistema cardiovascular.
  • Obesidad, sobre todo a nivel abdominal. Los cuerpos que “engordan por la cintura” tienen mayor riesgo de ictus que los que “engordan parejo por todas partes”.
  • Tabaquismo. Este hábito sube la tensión arterial, aumenta la frecuencia cardíaca, cambia la coagulabilidad de la sangre y favorece un estado de mayor contracción de las arterias.
  • Colesterol elevado. La hipercolesterolemia aumenta la probabilidad de formación de placas de ateroma.
  • Mala dieta. Es importante tener una dieta saludable, rica en frutas y verduras, para controlar el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
  • Estrés. Las personas con estrés y malos hábitos de sueño tienen mayor riesgo de padecer un ictus que aquellos que viven más relajados y duermen mejor.

 

 

¿Cómo se previene el ictus?

 

Sabiendo cuáles son los factores de riesgo del ictus, podemos tomar medidas para que bajen las probabilidades de que suceda:

  • Tener un estilo de vida saludable. Ejercicio, buena dieta y poco estrés están en la base de la prevención del ictus y de varias otras enfermedades.
  • Controlar los valores de tensión arterial, colesterol, y glicemia. En los casos en los que ya se ha diagnosticado hipertensión, hipercolesterolemia, o diabetes, es importante tomar la medicación para mantener a raya estos valores.

 

 

¿Y si ya tuve un episodio de ictus?

 

El ataque agudo lo controlarán los médicos en el hospital, intentando reparar las lesiones y asegurando que se reestablece la circulación sanguínea a nivel cerebral. Una vez en casa el tratamiento consistirá en evitar la repetición del ictus a través de dos grandes pilares:

  • Modificación del estilo de vida. Implica corregir todos los factores de riesgo que influyen en la aparición del ictus: hipertensión, alcoholismo, consumo de alcohol, consumo de drogas, mala alimentación, estrés, etc.
  • Uso de medicación que controla la formación de trombos, de placas de ateroma, o que controla los factores de riesgo. Después de un ictus se suelen recetar varios de los medicamentos de esta lista:
    • Antiagregantes plaquetarios. Se utilizan para evitar que las plaquetas, unas células sanguíneas, comiencen a formar un trombo en el interior de las arterias. Los dos más usados son el clopidogrel y el ácido acetilsalicílico en dosis bajas.
    • Evitan la formación de trombos en el interior de los vasos sanguíneos por un mecanismo diferente al de los antiagregantes. En vez de actuar en las plaquetas actúa sobre las proteínas encargadas de formar el trombo. Históricamente se han utilizado el acenocumarol (Sintrom®) o warfarina (Aldocumar®) pero ahora también pueden utilizarse los anticoagulantes orales de acción directa, más fáciles de tomar. En esta línea encontramos el dabigatrán, rivaroxabán o apixabán (Pradaxa®, Xarelto® y Eliquis® respectivamente).
    • Son los medicamentos de primera línea para bajar el colesterol y controlar la formación de placas de ateroma. Simvastina y atorvastatina están entre los más recetados.
    • Hay varios, y el médico escogerá el más adecuado dependiendo de tus valores de tensión y del resto de tu cuadro clínico.
    • Hipoglicemiantes en los pacientes diabéticos.
    • Antiarrítmicos para evitar las alteraciones en el ritmo cardíaco, evitando la formación de trombos. En este grupo entran la digoxina, la flecainida o la
    • Analgésicos, en el caso que hubiera algún tipo de dolor como consecuencia del ictus.
    • Antidepresivos, ya que muchas veces después de un ictus aparece un cuadro depresivo.

 

Mirando la lista puede parecer que “son muchos medicamentos”, pero cada uno aporta su granito de arena para evitar que vuelvas a tener un episodio de ictus. Si tienes alguna duda al respecto del uso de estos medicamentos, de sus efectos adversos, o de su importancia para ti, no dejes de tomarlos sin hablar con tu farmacéutico de confianza, que sabrá disipar todas tus dudas y ayudarte a tomar mejores decisiones y, si hiciera falta, te derivará a un médico. Se calcula que entre un 30-50% de los pacientes que han sufrido un ictus en España dejan de tomar su medicación sin consejo profesional; esto tiene consecuencias serias, ya que puedes disminuir la posibilidad de repetición de un ictus hasta en un 90% con la medicación y los cambios de estilo de vida apropiados. Así que ya sabes, también cuentas con nosotros para ayudarte con la recuperación del ictus.