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Resistencia a los antibióticos

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Oímos hablar cada vez más de “resistencia a los antibióticos”: en televisión, en Internet, en la consulta médica y en la farmacia, cada vez más nos repiten que tengamos cuidado con el uso que hacemos de los antibióticos. Es un problema de salud pública: la OMS lo considera una de las mayores amenazas a la salud mundial, y los datos europeos indican que hay más de 33 mil muertos anuales por culpa de infecciones que ya no se pueden curar con antibióticos. De esos 33 mil, 3000 son pacientes españoles. Y se calcula que, si seguimos así, volveremos a estar como hace cien años, casi sin armamento contra las bacterias.

Pero ¿Qué es exactamente la resistencia a los antibióticos? ¿Cómo se produce? ¿Qué podemos hacer para evitar propagar este problema? Esta y otras preguntas las respondemos en este artículo.

¿Cómo funcionan los antibióticos?

Básicamente, los antibióticos funcionan interrumpiendo vías metabólicas claves para la vida de las bacterias. Por ejemplo:

  • Las penicilinas y todos sus derivados interfieren con la síntesis de pared celular bacteriana, matando la bacteria.
  • Las quinolonas interfieren con la replicación del ADN bacteriano.
  • Los macrólidos impiden la síntesis de proteínas bacterianas.
  • Las sulfonamidas impiden la síntesis de folatos, moléculas clave en la síntesis de ADN y ARN.

Existen otros grupos, pero lo importante es que nos quedemos con la idea de que cada grupo de antibióticos es capaz de impedir el funcionamiento de una vía metabólica de una forma muy específica. Al fallar estas vías se produce la muerte bacteriana porque ¿cómo se puede vivir sin proteínas, sin ADN, o sin una pared que separe a la bacteria del medio externo?

Buena parte de los antibióticos se hallaron primero en la naturaleza. Por ejemplo, el hongo Penicillium notatum sintetiza una penicilina, la bacteria Streptomyces griseum sintetiza estreptomicina (un aminoglucósido) y la bacteria Streptomyces erytherus sintetiza eritromicina (un macrólido). A partir de estos descubrimientos la ciencia modificó moléculas para tener más y mejores opciones terapéuticas.

¿Qué es la resistencia a los antibióticos?

La resistencia a los antibióticos es el fenómeno por el cual una bacteria genera o adquiere mecanismos para evitar el ataque de los antibióticos, sobreviviendo en su presencia. ¡Y nos llevan años de ventaja en esta guerra! Nosotros llevamos cerca de cien años usando antibióticos para curarnos, pero las bacterias llevan miles de años buscando cómo defenderse de los antibióticos que se producen en la naturaleza. Y han desarrollado formas muy efectivas de defensa:

  • Modifican la estructura a la que se une el antibiótico, con lo que el antibiótico queda “suelto” y sin poder interactuar con la bacteria.
  • Sintetizan nuevas estructuras para mantener la función que el antibiótico interrumpe.
  • Desarrollan moléculas que bloquean la actuación del antibiótico en el sitio de acción.
  • Expulsan al antibiótico al exterior de la bacteria a través de “bombas” moleculares; el antibiótico entra y la bomba lo saca.
  • Modifican químicamente al antibiótico, inutilizándolo antes de que pueda actuar.
  • Cambian la estructura de la pared celular, haciéndola menos permeable a los antibióticos.

Algunas de estas modificaciones sirven para defenderse contra un antibiótico en particular, mientras que otras permiten la defensa contra todos los antibióticos de una misma familia.

¿Cómo se genera la resistencia a los antibióticos?

Las bacterias sensibles tienen dos opciones cuando se las expone a un antibiótico: o se mueren, o se hacen resistentes. Algunos mecanismos involucrados en la transmisión y desarrollo de la resistencia son:

  • Mutaciones aleatorias en los genes que generan proteínas nuevas, capaces de evitar la interacción con el antibiótico.
  • Transmisión de genes. Las bacterias son capaces de “pasarse entre ellas” genes que codifican una defensa completa contra antibióticos.

A base de exponer bacterias a diferentes antibióticos hemos empujado la evolución bacteriana. Hoy en día se han desarrollado superbacterias capaces de resistir a todos o casi todos los antibióticos conocidos. Las bacterias causantes de la tuberculosis, de la gonorrea, de algunos problemas de piel y  algunas neumonías están entre las bacterias más resistentes del planeta. Curarse de enfermedades causadas por estas bacterias es un proceso largo y costoso, y algunas veces es directamente imposible.

¿No hay antibióticos nuevos para evitar la resistencia a los antibióticos?

Lamentablemente, no tantos como querríamos.

  • Encontrar una molécula con un mecanismo novedoso, que escape a todas las formas de resistencia conocidas y que pueda ser usada como medicamento no es fácil. La última evaluada por la AEMPS es la lefamulina  en el año 2020, pero a finales de 2020 aún no se comercializa en España.
  • Existen antibióticos diseñados a partir de modificaciones de moléculas existentes para “evadir” los mecanismos de resistencia ya conocidos, pero los años de experimentación y desarrollo son difíciles de acortar. La mayoría de los nuevos antibióticos van por aquí.

Y tampoco es cuestión de “aquí lo tengo, úsalo cuando quieras”. Cuando existe un antibiótico nuevo se reserva para casos en que los antibióticos clásicos no funcionan (recuerda que la resistencia depende de exponer la bacteria al antibiótico). Y si los gastos de investigación y desarrollo de un medicamento se cubren con las ventas ¿Cuánto saldría cada dosis de este nuevo antibiótico, si sólo se usa en pocos pacientes? Para que te hagas una idea del problema, hacemos unas cuentas rápidas con algunos antibióticos autorizados en los últimos años (cálculos según datos de fines de 2020):

  • Zerbaxa® (ceftolozano-tazobactam): autorizado en el año 2015. La ficha técnica indica que para curar una pielonefritis debe utilizarse durante 7 días, una dosis cada ocho horas. Esta ronda de tratamiento tienen un coste levemente superior a los 2000 €.
  • Zavicefta® (ceftazidima-avibactam): autorizado en el año 2016. Por ficha técnica curar una neumonía puede extenderse entre 7-14 días, usando una dosis cada ocho horas. 14 días de tratamiento pasa de los 4500 €.
  • Sivextro® (tedizolid): autorizado en el año 2015. Útil en infecciones de piel y tejidos blandos, una ronda completa de tratamiento puede subir a 1200 €.
  • Quofenix® (delafloxacino): evaluado por la AEMPS en octubre del año 2019, aún no se comercializa en España. El precio en el Reino Unido a julio de 2020 era de 615 libras por 10 pastillas, siendo este el tratamiento mínimo para una infección de piel o una neumonía.

Son todos de uso reservado para el ambiente hospitalario, ya que se usan en infecciones complejas causadas por bacterias multirresistentes. ¿La mala noticia? Ya se han reportado resistencias para estos cuatro antibióticos en la literatura médica.

¿Cómo podemos evitar que la resistencia a antibióticos empeore?

Evitando el uso innecesario de antibióticos. Hace años era usual que el médico recetara un antibiótico “por las dudas”, “para prevenir” o “para que no vaya a más”, pero ahora esto no es una opción. Debemos hacer un uso cuidadoso de los antibióticos para que sigan curando y estén disponibles para cuando verdaderamente los necesitamos. En la práctica esto significa:

  • Toma los antibióticos correctamente. Tomarlo incorrectamente lleva a que las bacterias se expongan al antibiótico sin morirse, dándoles la posibilidad de que desarrolle resistencia.
  • No insistas con que te receten antibióticos, ya te los recetarán cuando sea adecuado. Los antibióticos no sirven para resfriados, ni para gripe, ni para todas las gargantas con pus.
  • No tomes antibióticos que te han quedado de otros tratamientos, sólo tómalos cuando te los receten. Lo que te sirvió una vez puede que no sea adecuado la siguiente vez, y eso debe decidirlo el médico.
  • No compartas los antibióticos que te sobran. Lo que te sirvió a ti puede que no sea lo mejor para otra persona, aunque parezca que “tiene lo mismo”.
  • Previene antes que curar. Algunos consejos útiles para esto son: lavarse las manos con frecuencia, preparar alimentos en condiciones de higiene adecuadas, practicar sexo seguro, evitar los contactos con enfermos que puedan favorecer contagios y mantener las vacunaciones al día. Prevenir una infección es la mejor manera de no necesitar un antibiótico.